Ella, la única mujer entre cuatro hermanos. Cuánto le pasó a lo largo de su vida, es algo que desconocemos, pero no debió ser bueno; o al menos, eso fue lo que reflejó su adultez. Era una mujer resentida con la vida, con los niños y con los animales. Se mofaba del dolor ajeno con una risa a carcajadas, exagerada y sobreactuada, que usaba como preludio para lanzar comentarios pasivo-agresivos a otras mujeres.
Mi abuelita siempre creyó que ella era bruja. Constantemente insinuaba que practicaba la magia negra y que tenía formas inusuales de obtener lo que deseaba. A mí no me suena descabellado, la verdad, ya que viví bastantes años viéndola. Les contaré cosas puntuales que me hacen creer que mi abuela tenía razón. Una de ellas era cómo podía manejar a su antojo al hombre que tenía al lado, y no hablo solo de manipulación; era un hombre que, sin cuestionarla jamás, a todo le decía que sí, capaz de lo que fuera si ella se lo pedía.
Buscando, seguro, saldar sus culpas, inició una vida religiosa. Tengo que decirles que parecía desgarrarse cuando asistía al templo; era algo extraño y exagerado para alguien que ostentaba una vida “casi perfecta”, porque así se vendía ante los demás: una vida de apariencias constantes. Sin embargo, en su hogar era una malvada completa, o quizás el miedo y el arrepentimiento la invadían en la iglesia. Lo extraño es que salía de allí y se convertía de nuevo en la bruja de los cuentos de hadas.
Recuerdo que a su familia, conformada por su esposo y la hija de él, les empezaron a suceder cosas extrañas de la nada y en un mismo periodo de tiempo; cabe aclarar que solo a ellos. Les dio un brote abundante por todo el cuerpo para el cual los médicos no encontraron explicación, atribuyéndolo a una alergia a todo y a nada. Una noche, mientras dormía, a la hija de su esposo se le hinchó la lengua al punto de no caberle en la boca. Nunca se supo el porqué, ya que esa vez ella le negó la consulta médica. ¿Por qué?, me pregunto yo.
En realidad, no sé si fue una mujer que practicó la magia negra para que se le catalogue de bruja. Aunque, pensándolo bien, una bruja no es solo un personaje al que se le atribuyen poderes sobrenaturales, sino una persona malévola, llena de odio, maldad y enojo. Quizás esa era ella: una mujer que se mofaba del dolor ajeno, especialmente del de aquellas personas vulnerables que quedaban a su alcance.
Volviendo a las ideas de mi abuela, y siendo fiel a sus pensamientos, recuerdo muy bien que un día la llamó a un lugar a solas para probar su teoría. Le arrojó sal en la cara. Mi abuela, en su inocencia, esperaba que la bruja desapareciera, pero para desgracia de todos, no se esfumó; eso solo pasaba en las películas. Para desgracia de muchos, ese acto solo le dio a ella más razones para victimizarse y seguir haciendo de las suyas.
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